martes, 8 de julio de 2014

El Atentado de Sarajevo


Hace pocos días se cumplió un siglo de un atentado loco y mal planeado que tuvo consecuencias inimaginables: cambió el mundo profundamente, a costa de millones de muertes. Me refiero, por supuesto, al atentado de Sarajevo, que acabó con la vida del Archiduque Francisco Fernando, con la de su esposa y con la paz en Europa.

El Imperio Austro-Húngaro
Para entender el contexto hay que recordar que en Bosnia conviven croatas católicos, serbios ortodoxos y bosnios musulmanes. Un polvorín histórico. Bosnia era parte del Imperio Austro-Húngaro, pero eso tenía muy molestos a los serbios, tanto locales como de Belgrado, y también a los rusos. El Imperio Austro-Húngaro era un paisote: Chequia, Eslovaquia, Austria, Hungría, Bulgaria, Rumania, Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina… También parte de lo que hoy es Polonia, parte de Serbia y parte de Montenegro y varias provincias italianas eran parte de este imperio.

Como quien dice, si hubiera habido Mundial de Futbol en 1910, la selección de Austria-Hungría hubiera sido una segura candidata al título.

Los emperadores eran de la familia de los Habsburgo; mismos que nosotros conocimos y fusilamos en México.

A finales del siglo XIX y principios del XX había un montón de organizaciones políticas violentas de todo tipo: desde anarquistas hasta nacionalistas extremos. Precisamente fueron unos serbios irredentistas, movidos por el nacionalismo –y por los servicios secretos de Belgrado y Moscú- quienes armaron el atentado.

Sello de La Mano Negra
Era un grupo de exaltados que se hacían llamar “La Mano Negra”, casi todos eran jóvenes, y los dirigía un empleado bancario. “La Mano Negra” tenía contactos con grupos extremistas dentro del ejército serbio, que habían logrado un exitoso golpe de Estado en 1903.

El grupúsculo decidió cometer un asesinato que, a su ver, despertaría la conciencia de los patriotas serbobosnios: contra el heredero a la corona.

Sofía Chotek y Franz Ferdinand
El Archiduque Franz Ferdinand visitó Sarajevo, la capital bosnia, el 28 de junio de 1914, para inspeccionar unas maniobras militares.  En realidad, también hacía el peligroso viaje (sabía que lo era) para poner estar con su esposa Sofía, porque su matrimonio era morganático. Un matrimonio morganático es el que se da entre un noble y una plebeya, y ésta no recibe rango ni la descendencia puede heredar el trono.  Lo que quería Francisco Fernando era aparecer en público con Sofía, lo que podía hacer si no iba en calidad de príncipe, sino de general.

Hubo quien decía, tras el asesinato, que Franz Ferdinand murió por amor. Suena bonito, pero sobre todo suena cursi. No fue al cadalso a sabiendas.

El grupo de jóvenes terroristas que esperaban asesinar a Franz Ferdinand eran tan exaltados como torpes. Su plan nunca funcionó. Veamos.

Se escogió a puros muchachos menores de 20 años. ¿La razón? Como no eran considerados adultos, no se les podría condenar a muerte. Contradictoriamente, a cada uno le dieron una cápsula de cianuro para que se suicidara en caso de ser atrapado.

Colocaron a seis terroristas seis en la ruta esperada de la comitiva donde iban seis autos. En medio, un Gräf & Stift, donde iba la pareja-objetivo. Los dos primeros jóvenes no tuvieron los arrestos (o tuvieron los pruritos) para lanzar las bombas que habían preparado al paso de los carros.

El tercero, Nedeljko Čabrinović, sí lanzó la bomba, pero rebotó (algunos dicen que en la capota; otros, que Franz Ferdinand la vio y la voleó). Del rebote, el artefacto pegó al siguiente carro de la comitiva, dejando una parcial carnicería: 20 heridos, algunos de gravedad. El joven, entonces, tragó la cápsula de cianuro que tenía para el caso y se tiró al río que corría junto a la avenida.

El río Miljacka a su paso por Sarajevo
Quien ha estado en Sarajevo se sorprende al ver el río Miljacka, que imaginaba ancho por su importancia histórica: es como de dos carriles. Y para colmo, es un río que se puede pasar caminando, con el agua debajo de las rodillas. Čabrinović, obvio es decirlo, no se ahogó. Y el cianuro tampoco funcionó. Le pusieron una tranquiza y lo detuvieron.

Ya nos vamos dando cuenta de lo tarados que eran estos muchachos de La Mano Negra.

Digo yo, tirarse al agua a una profundidad de 12 centímetros y esperar ahogarse. Se necesita ser tarado.

Tras el fallido ataque, la comitiva aceleró el paso. Esto impidió a otros tres terroristas –Gavrilo Princip, entre ellos- que actuaran contra el archiduque.
Sus últimos minutos

En la comida que siguió, Francisco Fernando se quejó de que Sarajevo lo hubiera recibido a bombazos, y se cambió la agenda de la visita.

A continuación, el Archiduque y Sofía irían a visitar a los heridos al hospital, en comitiva. Pero, cosas del destino, el chofer equivocó la ruta. Cuando el chofer se dio cuenta, dobló, a la altura de uno de los puentes que cruza el río. Y en la maniobra, el auto se paró.

Gavrilo Princip, en tanto, había ido a comprar comida tras fallar en el atentado. Volteó y vio que  la providencia le había puesto al Archiduque a tiro. El adolescente salió de la tienda, tomó su revólver y le disparó a Franz Ferdinand de una distancia cercana. Le dio en la yugular. El siguiente disparo del serbiobosnio dio en el abdomen de Sofía, que se había abalanzado de manera instintiva sobre su marido desfalleciente.

El auto salió veloz rumbo al hospital. Sofía murió antes de que llegara. Francisco Fernando, diez minutos después.

El puente del atentado se llamaba, en tiempos de Yugoslavia, Gavrilo Princip, en honor del asesino. Ahora le dicen “Puente Latino”.

El arresto de Gavrilo Princip
Princip  fue arrestado de inmediato –le pusieron una buena felpa- y todos los demás miembros de la conspiración fueron capturados poco después. Los adultos le echaron la culpa a los menores, como previsto. El fallo terminó con tres adultos ahorcados y otros 17 detenidos condenados a largas penas de prisión.

A Princip y Čabrinović les dieron 20 años de condena. Murieron en la cárcel, de tuberculosis y desnutrición. El primero duró tres años; el segundo, sólo año y medio.

Austria-Hungría exigió al Reino de Serbia una investigación, pues sospechaba que los servicios secretos estaban detrás del atentado. Investigaciones históricas posteriores nos dicen que Austria-Hungría no andaba desencaminada. Serbia estaba metida hasta el tuétano.

Serbia se hizo pato y amarró su alianza militar con Rusia, Austria-Hungría hizo lo propio con Alemania y un mes después invadió Serbia.

El joven terrorista
A los pocos meses aquella era una matazón de todos contra todos, de esas que les gustaban mucho a los europeos en el Siglo XX

Así, unos nacionalistas locos dieron el pretexto para que estallara la I Guerra Mundial, que costó más de 10 millones de muertos. Franz Ferdinand y Sofía fueron sólo los primeros asesinados. Gavrilo Princip fue sólo el primer asesino.







El Puente Latino de Sarajevo (Puente Gavrilo Princip)



viernes, 23 de mayo de 2014

Paco Sierra: Asesinos, S.A.




Doña Esperanza Iris

Ustedes seguramente han oído hablar de doña Esperanza Iris, una tiple extraordinaria, que fue conocida como “La reina de la opereta”. Yo a Esperancita la conocí muy joven, cuando hacía de vendedor de charamuscas en la zarzuela Chin-Chun-Chan, en la que ayudé a mi amigo don José F. Elizondo.

Pero en esta historia, doña Esperanza es sólo personaje secundario. El principal es Paco Sierra, un vividor que también era un mediano barítono… y su esposo.

Sierra se había colado como violinista en la compañía de la Iris, que trabajaba en el teatro homónimo, que ella fundó en 1918, y se ligó a la dama mucho mayor que él. Cuando se casaron, en 1938, Paco Sierra tenía 28 años; Esperanza Iris tenía 50, pero una amplia cartera, muchos conocidos y un corazón ávido de amor.

Por la intercesión de la Iris, Sierra no sólo triunfó en el teatro de su esposa, sino que llegó a cantar en Bellas Artes, en el Met, en la Scala… no era para tanto.
La pareja

Paco y Esperanza vivían en los altos del teatro, allá en la calle de Donceles. Pero él soñaba con una vida de más lujos, sin la mujer que ya le parecía anciana. De hecho, la pareja tuvo problemas en 1949. Paco, entonces de 39 años, tuvo un hijo con la sirvienta. Esperanza, que tenía 61, se lo perdonó.

Por esos tiempos, el cantante empezó a llevarse con su paisano Emi­lio Are­lla­no Sche­te­li­ge, que la hacía de agente, secretario particular, amigo oficial… Arellano era un vivales, especializado en fraudes, amante de los negocios fáciles. Le propuso uno bastante loco a Sierra: “Post-Mortem S.A”.

La idea era que Post-Mortem se encargara de las honras fúnebres de grupos de trabajadores, que pagarían la módica cantidad de dos pesos mensuales. Una empresa de seguros de ese tipo debe, en primer lugar, tener un capital de respaldo y, en segundo, debe invertir los depósitos y obtener sus ganancias de ello. La pretensión de Sierra y Arellano era diferente: conseguir a los trabajadores mediante conectes, embaucarlos y gastarse la lana a manos llenas. El conecte que buscaron era ni más ni menos que don Fidel Velázquez, el mandamás de la CTM. Éste envió a uno de sus “lobitos”, Jesús Yurén.

Yurén les pidió borrador y proyecto de contrato; los de Post-Mortem querían hacer las cosas de saliva y el lobito le dijo a don Fidel que “¡Cuidado!”

Como Post-Mortem murió neonato, los compinches Sierra y Arellano idearon otro proyecto para hacerse ricos con rapidez.  Un proyecto criminal, que bien podría llamarse “Asesinos S.A.”.

La idea era contratar gente para un trabajo inexistente en Oaxaca, asegurarlos por mucho dinero y hacer explotar el avión en el que viajarían rumbo al empleo.

AAA. Anunciaron en el periódico una de esas oportunidades de empleo que parecen soñadas. Buen sueldo, prestaciones, poco trabajo. Pronto tuvieron cinco candidatos. Arellano tuvo la osadía de invitar a un tío a ese mismo empleo. No lo ha de haber querido mucho.

A todos los empleados, Sierra y Arellano les compraron jugosos seguros de vida. 2 millones de pesos de la época. Estaban a nombre de Paco, parientes y allegados.

El propio Emilio Arellano preparó la bomba en el cuarto de servicio de su casa de la calle Baja California, en la colonia Roma.

Imaginemos un segundo al delirante tipo en el cuartucho, entre cables de luz, detonantes, el reloj… y una maleta de piel que regalaría a su tío antes del viaje.

La mañana del 24 de septiembre de 1952, casi al amanecer, antes de tomar el avión,
cada uno de los recién contratados recibió un regalo. La compañía de Sierra y Arellano, muy amable, le daba a cada uno una pulsera de plata con su nombre. El chiste era que se reconocieran los cadáveres.

Se podrán percatar, amigos, que el nivel de crueldad y de ambición de estos dos hombres era nada comparado con su nivel de estupidez.

Los asegurados eran cinco, más el tío, más otros 11 pasajeros, más el capitán, el copiloto y la sobrecargo. El vuelo era de Mexicana de Aviación.

Recuerden que estamos en 1952. No hay escáners en los aeropuertos. La bomba pasó como si nada.

El proyecto era que el avión estallara en su máxima altura. Pero el tiempo estaba malo, así que el despegue se retrasó 45 magníficos minutos.

Ese fue el boquete en el avión
Apenas habían pasado 15 minutos de vuelo cuando la maleta, que estaba en un compartimiento delantero de la zona de pasajeros, estalló. Pero Arellano no la había hecho lo suficientemente potente. Hizo un hoyo, pero no destruyó el aeroplano. El copiloto usó otras maletas para tapar el hueco. Pasaron minutos de terror, porque entraba aire y el avión perdía estabilidad. Por fortuna, el piloto era un veterano del Escuadrón 201.

En lo que maniobraban entre el cielo brumoso y la histeria de los pasajeros que veían llegar a la muerte, el capitán descubrió un claro… y en el claro, el aeropuerto militar de Santa Lucía, donde aterrizó de emergencia sin pedir permiso.

El saldo final fue de un muerto –un polaco que salió volando por el hoyo hasta la sierra veracruzana-, dos heridos graves y muchos asustados. Dijo la prensa que el polaco exclamó “Todo está consumado” mientras caía al vacío. Yo imagino que gritó: “Nieeeet!“

Arellano y Sierra, detenidos
Los investigadores pronto llegaron a la conclusión de que era una bomba y de que había varios asegurados contratados por Emilio Arellano. Para el día siguiente ya había orden de aprehensión contra el socio de Paco Sierra. Entonces, el barítono fue a la policía a denunciarlo… por fraude. Sierra entregó las pólizas de seguros, dijo que Arellano lo habría hecho para pagarle lo que le había robado en el fallido Post-Mortem, S.A.

La única que creyó en la versión de Paco fue Esperanza Iris. El tonto barítono había acompañado a Arellano a comprar explosivos y reloj y había testigos de ello.

El 29 de septiembre, la policía capturó a Emilio Arellano y éste, obvio es decirlo, culpó a Paco Sierra de toda la trama. A Paco lo detuvieron al día siguiente cuando descendía de su Cadillac, en el aeropuerto. Tenía un boleto para La Habana. No pudo usarlo.

Esperanza Iris contrató abogados, y de seguro también al juez, que sólo condenó a 9 años de prisión al cantante, y le dio 30 a Arellano.

Hubo apelación de los abogados de la Iris y le salió el tiro por la culata. La nueva sentencia fue de 29 años en Lecumberri.

En 1962, diez años después del atentado, Esperanza Iris murió, sola y convencida de que Paco, su Paco, no era un terrorista dinamitero.

Visita familiar de Esperanza Iris al Reclusorio Oriente
A Sierra le rebajaron la pena. Salió libre en 1971, hizo otra familia y se fue a vivir a Villa Olímpica.  Arellano murió en la cárcel, repudiado por su familia.

La moraleja del relato es: amigos, tengan cuidado si les ofrecen un trabajo fácil, bien pagado y con seguro de vida a nombre del patrón o sus cuates.


viernes, 11 de abril de 2014

Susanadas 2014 (I)



Como va siendo costumbre, presento una antología personal de mis tuits. Mi terror a que algún investigador del futuro caiga a mi TL y haga una selección a su leal saber y entender (es decir, a lo tonto) linda ya en la paranoia. Estos corresponden al primer tercio de 2014.

Filosofía elemental

Propósito de Año Nuevo. No tomar durante seis meses de este 2014. Así es. Tomaré un día y sí y otro no.

Me pregunto si a mis fologüersitos les alcanzó el carbón que les trajeron los Reyes Magos, Ojalá. Hace frío.

Si algo cuesta un güevo, señores, no lo compren. Luego no van a poder caminar del dolor.

Uno de cada 115 millones de mexicanos es más viejo que yo. Se llama Xavier López.

Si hubiera yo resistido a Baco, tabaco y Venus como he resistido a la tentación de Facebook, tendría ahora una salud de hierro.

Mañana debo ir al fígaro a que me remodele el bigote. Parezco vulgar zapatista.


Stalin, Mella y los OXXOs

Un 10 de enero de 1929, el revolucionario cubano Julio Antonio Mella caminaba por la calle de Abraham González. Viviría pocos minutos. Mella iba acompañado por la fotógrafa italiana Tina Modotti. Fue balaceado dos veces cuando estaba por llegar a la esquina de Morelos. Los vecinos señalaron que un hombre acompañaba a la pareja y fue quien disparó. Era Vittorio Vidali, agente de Stalin.

José Antonio Mella
Mella, fundador del Partido Comunista Cubano, estaba refugiado en México, y había chocado con la línea del Comintern. En contra de los testigos presenciales, Tina Modotti dijo que fueron atacados por un extraño. También tuvo otras contradicciones. Entre otras, que Mella la llevaba tomada con su brazo izquierdo. Imposible, el cubano era un caballero y una dama no va del lado de la acera.

Como la desobediencia de Mella a Moscú pasaba por crear sindicatos independientes en México, la policía local habló de asesinato pasional. Para mí está muy claro que la famosa Tina Modotti "puso" al joven Mella para que el sicario de Stalin lo ajusticiara.  En la esquina de Morelos y Abraham González hay una placa en el lugar exacto donde cayó Mella. Ahí había un bar que yo frecuentaba.

El viernes por la noche pasé junto a donde mataron a Julio Antonio Mella. Ya no está un bar ahí, hay un Oxxo. ¡Qué plaga! Pronto habrá un Oxxo en el Palacio de Iturbide, Oxxo en la Casa Azul, Oxxo en la Casa de las Brujas, Oxxo en el Cárcamo de Chapultepec...

20 años no es nada

Hace 20 años, a muchas buenas conciencias las enamoraron el subcomandante y su Ejército Zapatista. A los intelectuales que querían el Nobel literario para Marcos les decías que era un cursilón, y de reaccionario salinista no te bajaban

En una cena, un notable intelectual hizo apología de los ojos del comandante zapatista Tacho. 
-¿No será el comandante Tadzio? -replicaron. 

¡Viejos los cerros!

"Banderita mexicana, Banderita tricolor, Me recuerdas al anciano Que hizo libre a mi nación..." 
¿Qué? ¿Anciano? Tenía 57 años. Si en tiempos de don Miguel Hidalgo hubiera habido Just For Men, no lo andarían calificando de anciano.


Zarco y las petimetras


Don Francisco Zarco tenía un talle flexible que sabía cimbrearse con elegancia en los más abstrusos figurados de las cuadrillas, decíase. 
Traducción decimonónico - siglo XXI: "Francisco Zarco era delgado y bailaba bien".

Por eso, en las tertulias de mediados del siglo XIX, Zarco siempre estaba rodeado de señoritas, de petimetras y de leonas linajudas. Como quien dice, era bien galán.

Lo anterior, jovenes, nada más para recomendar que no hagan panza y aprendan a bailar. Las damas lo agradecerán.

Una duda histórica y una modesta propuesta

"Los 45 minutos más vergonzosos de nuestra historia". ¿La presidencia de Lascuráin o el primer tiempo de México vs. Alemania en 1978?

Propuesta de tortura: Aplicar el Tratamiento Ludovico (el que le recetan a Alex en Naranja Mecánica) y obligar a la víctima a ver los juegos de Concachampions.

Maximiliano y el doctor Lucio

En 1866 mi papá vino de visita a México, le dio un "catarrito" y acabó en el consultorio del Doctor Lucio. Resultó ser neumonía.  El Doctor Rafael Lucio y el Doctor José María Vértiz eran los galenos más prestigiados de la época.

El Doctor don Rafael Lucio
Contaba mi padre que estaba un día en consulta con el Dr. Lucio y que llega don José Luis Blasio, secretario particular de Maximiliano I. Supo llegaba por encargo del Emperador, quien quería ser tratado de unas fiebres vernáculas que padecía. Sucede que Maxi llevaba rato enfermo, y su médico austriaco, Herr Someleder, no daba pie con bola, ya que tratábanse de infecciones mexicanas.  Así que Su Majestad envió al secretario en pos del mejor médico mexicano, familiarizado con los males propios de nuestra tierra.

Don Rafael Lucio hizo recordar al secretario de Maximiliano que él era de convicciones republicanas. "Vaya con el Doctor Vértiz", replicó. A pesar de las insistencias de Blasio, el doctor Lucio no dio su brazo a torcer. Mi padre, al otro lado del gabinete, escuchaba todo.  Pero supo que al día siguiente, volvió el secretario al consultorio, con más ruegos, y recordándole el juramento de Hipócrates a Lucio. 

Al final, el doctor Lucio accedió a tratar a Maximiliano, pero lo hicieron entrar al castillo por detrás, por los celos del doctor austriaco. Tras el tratamiento (y Maxi le pareció simpático al doc), el Emperador mejoró visiblemente. Repuesto, ofreció una gran suma al doctor Lucio.
-¡No admito dinero del imperio! - fue la respuesta de don Rafael Lucio.

Le bastaba con haber cumplido con el juramento hipocrático.

(Mi padre se enteró después que Maximiliano de Habsburgo, rechazado el dinero, le regaló valiosas pinturas, que el galeno sí aceptó)

Tiempos quesque modernos 
Me dice uno: "Ya no uso mi reloj de pulsera, me basta con checar mi celular". Hemos dado la vuelta en U: regresamos al reloj de bolsillo.

Salgo a la calle, veo a dos hablando en su celular; otro, tecleando frenéticamente; la cuarta esperaba ansiosa contacto humano... vía su celular.

El uso de la red nos da la impresión de estar en contacto con todo y con todos. Pero a menudo no vemos a nuestro alrededor inmediato.


Mi jardín
El jardín de mi casa es modesto, pero tiene mucho cielo.

Ahora que el limón está caro, el limonero de mi jardín nada más tira dos frutos al día, no nos vayamos a creer millonarios.

Torceduras del tiempo 


Me imagino al joven Mozart, con sus lentes oscuros de policía y su séquito de guaruras, huyendo de las fans setecientescas.

Ya no saben qué inventar. Que la puesta en escena de la ópera La Flauta Mágica serà estilo prehispánico. Algo así como "La Chirimía Mágica". ¿Masones en Monte Albán? ¿Pamino en el Mictlán? ¿O, como dice don César Strauss, Papageno educando quetzales y la Reina de la Noche bajando de una pirámide azteca?

Una familia con pedigrí 

Aquí, entretenido con el árbol genealógico de Hubertus Von Hohenlohe. Harta sangre azul, harto billete y hartas anulaciones de la Santa Sede.

Con decirles que el nombre del papá del cincuentón charro esquiador apenas si cabe en un tuit: Príncipe Alfonso Maximiliano Victorio Eugenio Alexandro María Pablo de la Santísima Trinidad y Todos los Santos zu Hohenlohe-Langenburg. Si daban 1% de descuento por cada letra del nombre, a don Alfonso la taquería le saldría debiendo.

La abuelita mexicana de Hubertus: María de la Piedad de Yturbe y von Scholtz-Hersmendorff, Marquesa de Belvís de las Navas. ¡Órale! Y la mamá de Hubertus se llama Su Serena Alteza Princesa Virginia Carolina Theresa Pancrazia Galdina de Fürstenberg (Ira, para los cuates).

El hermano de Hubertus, Christoph Victorio Egon Humberto von Hohenlohe-Langenburg Furstenberg, murió en una cárcel de Tailandia, el pobre.

Disculparán el lenguaje procaz, pero es una conclusión que me sale del alma: Eso es pedigrí y no chingaderas. A ver ¿qué otro mortal puede presumir que a su mamá la Santa Sede le concedió la anulación de sus matrimonios dos veces dos?


Para resarcir su ridículo, Hohenlohe tiene que ligarse una superatleta rusa y nacionalizarla mexicana.  Es el Lascuráin de los esquiadores.
 


Inquietudes dizque literarias
Varios cortazarianos se parecen a los admiradores de Glenda y están felices haciendo la disección.

Tempus fugit! Ahora hasta los autores de la literatura de la onda son unos respetables ancianitos.

Salvador Novo, un señorito de traje que se bañaba todos los días. Una generación muy diferente a la de los bohemios de mis tiempos.

Van a poner en letras de oro en la ALDF los nombres de Octavio Paz y José Revueltas. A Paz le encantaría. ¿Le hubiera gustado a Revueltas?


El último viaje de don Joaquín de la Cantolla

Quien cumplió el 20 de marzo un siglo de muerto (me recuerda la señorita  Rosalí) es el aeronauta Joaquín de la Cantolla y Rico.

De hecho, el día que murió Cantolla fue también el mismo de su último viaje en globo aerostático, que hizo con don Alberto Braniff. Para 1914, Cantolla ya era un viejecito, lejanos sus días de gloria en los primeros globos. Un viejecito tuerto y terco. Don Joaquín Cantolla perdió un ojo, por ahí de 1880, al chocar su globo contra un árbol... una rama le cruzó el globo ocular. 

Hace un siglo, el pionero de la aviación Braniff, como homenaje, invita a Cantolla a subir a su modernísimo globo. El viejo acepta feliz. El vuelo Braniff-De la Cantolla, que hermanaba dos épocas de la aviación mexicana, fue sin contratiempos, salvo que la trayectoria se desvió ...y el aerostato fue a volar sobre la zona que controlaban los zapatistas que amenazaban desde el sur a la ciudad. Los navegantes del globo ajustaron la regulación de la flama, y subieron, hasta encontrar otra corriente de aire que los acercó a la capital. 

Don Joaquín de la Cantolla y Rico se apeó del aerostato, agradeció a Braniff quitándose su sombrero de copa, se dirigió a su casa... y nada más cruzando el umbral, que le da el tamafat: un derrame cerebral que acabó con su vida. Tenía 84 años.

¡Xenófilos! 

Ahora me percato que a los adminículos les dicen gadgets. ¡Cuánto anglicismo! En cambio lo v'lan, lo pschutt y lo chic era lo de antaño.

Vaciladas capitalinas 

En la ALDF presentaron un mariguanómetro, para ver si usted consumió yerbita vaciladora. ¡Cuánta modernidad! En mis tiempos, si el detenido tenía los ojos rojos y no podía escupir, se dictaminaba que había consumido mariguana. Pura intuición.

Un fantasma recorre la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. El fantasma de Uruchurtu.

  
Una pasión prerrafaelista

Dante Gabriel Rossetti, autorretrato
Elizabeth Siddal

Dante Gabriel Rossetti era el mero-mero de los pintores prerrafaelistas. Su musa, Elizabeth Siddal, pasó de ser su modelo a ser su esposa.

Pero Rossetti se hizo de una amante bastante fea, una modelo gorda a la que llamaba "Mi querido elefante". Eso sí, era pelirroja como Siddal. Un día, Rossetti dijo que iba a una reunión académica y fue a ver a su amante-elefante. De regreso, besó a Lizzie, pero la encontró fría. Elizabeth Siddal se había suicidado, ingiriendo una dosis excesiva de somníferos. La musa abandonó, así, al artista.

Durante el velorio, sin que nadie se diera cuenta, Dante Gabriel colocó en el ataùd de Elizabeth un manuscrito con sus poemas inéditos. El pintor, que había sido un bon-vivant, se recluyó fuera de la ciudad y se dedicó a la pintura, la poesía y al spleen y la depresión.

Sus amigos un día lo visitaron, lo emborracharon y le sacaron la confesión de que había metido sus mejores poemas en el ataúd de Elizabeth. La Hermandad Prerrafaelista se organizó para exhumar a la musa. Del cadáver sólo eran reconocibles los cabellos rojos. Habían pasado 14 años. 

Rossetti no asistió a la exhumación, pero se recuperó el manuscrito, hoy conocido como The House of Life, la casa de la vida.  Es una obra poética muy interesante, que pinta una época.

Envío
Si les gusta La Hora Nacional, agradézcanlo a Tata Lázaro.

Estoy seguro de que la Biblioteca del Congreso de EU tiene abierto un importante archivo con mis tuits selectos.