martes, 26 de febrero de 2013

El nacimiento del Paricutín








Don Dionisio Pulido

Hace 70 años, el 20 de febrero de 1943, a Dionisio Pulido, un campesino michoacano, le sucedió algo único. Algo que no se sabe le haya ocurrido a otro ser humano.

Era sábado en la tarde, y Dionisio se puso a quemar unas ramas, y notó que había una grieta en sus tierras, como de medio metro de profundidad. Estaba por prender las ramas cuando sintió un tronido, los árboles temblaron y de la rajadura se hinchó el suelo hasta dos metros o dos metros y medio.

Dionisio sintió que la tierra se estremecía, como con lumbre adentro. Un trueno, luego otro… al tercero de la hendedura salió humo gris. Era un humo como de cenizas, acompañado de un chiflido alto y continuo, empezó a oler a huevo podrido, a azufre, a infierno.

Dionisio se asustó, trató de quitar la yunta a sus bueyes, buscó con la mirada a su mujer, a su hijo, a sus animales. Se encomendó al Señor de los Milagros. Quiso llevar a los bueyes al manantial, pero èste había desaparecido. Ahí de plano se asustó, montó su yegua y galopó hasta su pueblo, Paricutín.

En el pueblo estaban su mujer, su hijo y sus amigos, nerviosos y temerosos de qué él hubiera muerto y que nunca más lo volverían a ver.

El volcán recién nacido: 26 de febrero de 1943
La gente de Paricutín corrió a la iglesia y se encomendó a todos los santos. Tal vez el Fin del Mundo empezaba en las tierras de Dionisio Pulido.

Antes temblaba muy seguido y la gente se preguntaba qué pasaba.  Cuando reventó el volcán, la gente dijo: “Ah, por eso temblaba”.

El Paricutín nació en lo parejito y se puso a crecer, durante cuatro o cinco meses. Y luego empezó a escupir lava, polvo y ceniza. Al principio, y durante un año, el volcán tuvo un comportamiento estromboliano, es decir escupía piroclastos, fragmentos de roca ígnea.

Los días se volvieron negros, las lluvias eran también de piedras, de la montaña recién nacía salía lava líquida y formaba ríos. Los ríos de fuego empezaban corriendo rápido, buscando un curso y luego iban lento, muy lento. Pero la arena era insoportable.

Así pasaron varias semanas, hasta que a la gente se le dio la orden de evacuar, de dejar sus tierras, su plano.

Parícutin, el pueblo, primero quedo cubierto de arena, luego de lava. Quedaron cubiertas también las tierritas de muchos campesinos. Paricutín (el volcán) seguía escupiendo rocas y polvo, los caballos hundían las patas y cabalgaban con dificultad. Ya no se podía vivir en las cercanías.

El polvo llegó hasta Uruapan; a las 12 del día se tuvo que encender la luz en las calles, porque era imposible ver, de tanta arena. La gente de Uruapan, temerosa, iba con un paño en la boca, montones de ceniza en las aceras. Ceniza en las carnitas de puerco, ceniza en el alma.

Don José Revueltas, de joven
Allí llega el gran escritor José Revueltas, con el día hecho noche: “un sudario negro sobre el paisaje”, escribe. Revueltas logra ver una procesión tremante, campesinos arrodillados, junto a una bandera nacional y otra de la Unión Nacional Sinarquista.

De Dionisio Pulido escribió: “Propietario de un volcán, dueño de nada”. Como Dionisio había otros propietarios absurdos.

En San Juan Paranguricutiro confiaban que el monte que los separaba del volcán serviría de muro contra la lava. Se equivocaron. La lava le dio la vuelta y enfiló contra la población, que estaba como a diez kilómetros del volcán.

Es que el Paricutín no descansaba. La duración de la actividad de este volcán fue exactamente de 9 años, 11 días y 10 horas. Lo que sí hizo fue cambiar de estilo. De estromboliano pasó a hawaiano; pocas explosiones, pero sacando harta lava, como baba quemante.

El 10 de mayo de 1944 se abandonó San Juan Parangaricutiro y sus habitantes llevaron consigo una imagen del Señor de los Milagros. De ese pueblo sólo es visible parte de la iglesia, sepultada por la lava, como el resto del poblado.

Por la zona pasaron periodistas, muchos científicos que estudiaban por primera vez a un volcán recién nacido, turistas curiosos… y pintores. Querían admirar y estudiar a la maravilla recién nacida. Uno de ellos fue mi viejo conocido Gerardo Murillo, mejor conocido como el Dr. Atl. Un hombrón de enorme fuerza física y mental.

El Dr. Atl tenía 67 años cuando nació el Paricutín, pero igual fue allá, e hizo inmortales apuntes y pinturas.

El Paricutín, al final, dio para todo. Para rezos, grandes reseñas, estudios geológicos, extraordinarias obras de arte. También dio para que algunos de los descendientes de los antiguos pobladores vivan del turismo. Pero le quitó su tierrita a Dionisio Pulido.

Dicen los expertos que el Paricutín es un volcán monogenético. Nació, eruptó y no volverá a tener erupciones.

Era planito, un sembradío de maíz. Ahora, tras 70 años hay un volcán de 336 metros de altura y un paísaje peculiar.



3 comentarios:

  1. Excelente narración, tengo fotos muy recientes de la zona, si quieres verlas. Saludos.

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  2. Pongo a su consideración el siguiente poema, de mi autoría, destinado a conmemorar los 70 años del nacimiento de ese hermoso coloso purépecha

    PARICUTIN

    “¡Ay, Señor de los Milagros, . . . soy uno de tus milagros!”

    Se reventaron las tripas
    de la tierra incandescente,
    se nos tiznaron las milpas,
    Volcán, coloso inmanente.

    De natura fue el encono,
    fragor de pirekua, tono,
    nació un cono muy humeante,
    ¡P’urhépecha, rey vibrante!

    No hubo pena, ni castigo,
    déjenme, les cuento y digo:
    Tata Dionisio Pulido,
    te lo juro, yo no olvido.

    Que tú asististe a mi parto,
    de la mente no te aparto,
    ¡si temblaste junto a mí,
    si viste como surgí!

    Con mis fumarolas prietas,
    huaraches pisaron grietas,
    sobre un anafre, . . . se sufre,
    percibiste olor a azufre.

    Espanté tus sentimientos,
    ¿recuerdas mil novecientos?,
    año del cuarenta y tres,
    del mundo fui el interés.

    Convoqué a muchos famosos,
    fotógrafos y curiosos,
    vulcanólogos, pintores,
    poetas de mis amores.

    De Angahuan, hijo adoptivo,
    grandioso, superlativo,
    michoacano por derecho,
    Meseta, mi dulce lecho.

    En geología soy hazaña,
    magma, piedra de obsidiana,
    mineral, vapor ardiente,
    un fantasma gris latente.

    He suavizado el carácter,
    exhalo por ancho cráter,
    sigo activo, visitado,
    mi lava no se ha acabado.

    Soy turismo, panorama,
    de económica derrama,
    nunca quedaré a la zaga,
    soy cirio que no se apaga.

    San Juan Viejo, iluminado,
    ¡milagroso Dios, amado!,
    enterrado oficias misas,
    a ti brindo mis cenizas.

    Por joven, sigo creciendo,
    Nana Cueráperi, entiendo,
    ¡soy tu entraña, soy tu herencia,
    corazón, fuego, . . . tu esencia!

    Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
    México, D. F., 20 de febrero del 2013
    Dedicado a Don Guadalupe Trigo (QEPD)
    Reg. SEP Indautor No. 03-2013-051712171201-14

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